Eres digna

Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús…
Gálatas 3:26 (NVI)

Por años después de entregar mi vida a Cristo me sentí indigna. Pensaba que tal vez si hacía más buenas obras, dedicaba mi vida al servicio cristiano más arduo y controlaba mis defectos, Dios me sonreiría con aprobación. Pero, además, creía que cuando llegara al cielo, Cristo me dejaría entrar solo a regañadientes.

Después de todo, Él promete la salvación a quienes confían en Él. Imaginé que me diría, «Pero tú, siéntate en el rincón mientras la gente hermosa ocupa los primeros asientos».

La Biblia ofrece una perspectiva diferente de cómo Dios asigna asientos en el cielo.

El apóstol Pablo le dijo a la iglesia de Galacia, “Todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús” (Gálatas 3:26). Hijos — iguales ante Dios, porque Él no muestra favoritismo. Pablo explicó esto claramente en Gálatas 3:28-29: “ya no hay judío ni no judío, esclavo ni libre, hombre ni mujer, sino que todos ustedes son uno solo en Cristo Jesús. Y si ustedes pertenecen a Cristo, son la descendencia de Abraham y herederos según la promesa” (NVI).

Y Romanos 8:17 nos dice que si somos hijos de Dios, somos “coherederos con Cristo” (NVI). Recibimos la misma herencia en la eternidad que Cristo ya tiene. Nuestra fe en Cristo nos define, no lo que hemos hecho ni la percepción que el mundo tiene de nosotras.

El trato de Jesús con las personas nos da un ejemplo de cómo Él empleo la igualdad. En Juan 3, Jesús conversó con Nicodemo, miembro de la élite de la sociedad judía, sobre cómo podría ser parte del Reino de Dios. En Juan 4, Jesús extendió la misma invitación a una de las personas consideradas de nivel más bajo y despreciado de esa cultura… una mujer samaritana con un pasado turbio.

Amigas, en los salones celestiales nadie es más ni menos importante que los demás. Todos los que tenemos verdadera fe en Cristo compareceremos ante Dios con igualdad de acceso y victoria compartida. En el cielo no hay segunda fila.

Si has puesto tu fe en Jesús, un día te codearás con eruditos judíos y mujeres samaritanas que comparten tu fe. Jesús murió por ellos y también por ti. Solo tienes que aceptar Su regalo de gracia. Estarás junto a todos los creyentes ante el trono de Dios, amada, aceptada y celebrada igual que los demás, por el Rey de reyes.

Quizás, como yo, te sientas tentada a sentirte inferior ante los ojos de Dios o a pensar que debes alcanzar cierto nivel de santidad para que Dios te apruebe. Te invito a reemplazar esa ilusión con la Verdad de Dios. Dios ya te sonríe. Eres salva por Su gracia y eres bienvenida en Su presencia.

Señor, te alabo por liberarme de la presión de ganarme Tu amor con lo que hago en esta tierra. Gracias por perdonar mi pasado y hacer posible que algún día esté en Tu presencia como Tu hija amada. En el Nombre de Jesús, Amén.

Fuente: proverbs31.org

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