LENTO, un ritmo sagrado
Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora… Eclesiastés 3:1 (RVA-2015) Todas las personas en la tierra se despiertan cada día con la misma cantidad de tiempo: 86.400 segundos. Ni más, ni menos. Sin embargo, a menudo tratamos el tiempo como un recurso escaso, apresurándonos como si de alguna manera pudiéramos aprovecharlo más. Durante años, llevaba el ajetreo como una medalla de honor, llenando mis días de tareas y compromisos. Equiparaba el estar en movimiento con importancia y lo llamaba “victoria” cuando caía exhausta en la cama, con la agenda llena y el alma vacía. Estaba cansada y agotada espiritualmente. Demasiado ocupada para orar, demasiado distraída para notar la presencia de Dios, demasiado cansada para adorar. ¿Qué ganaba realmente con este ritmo si me alejaba de Aquel que da sentido a la vida? Una mañana, en medio de otra rutina frenética, me vino a la mente Eclesiastés 3:1: “Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tie...