De una prisión en Roma hasta los confines de la tierra
No dejes de recordar a Jesucristo, descendiente de David, levantado de entre los muertos. Este es mi evangelio, por el que sufro al extremo de llevar cadenas como un criminal. Pero la Palabra de Dios no está encadenada. 2 Timoteo 2:8-9 (NVI) Existen muy pocas cosas más imponentes que estar de pie en la orilla y ver llegar la marea. No importa lo que se interponga en su camino, ya sean castillos de arena, rocas o escombros… el agua llega. No podemos ordenar al océano que se detenga. Se mueve con una fuerza profunda y rítmica que está completamente fuera de nuestro control. El evangelio se asemeja mucho a la marea. A lo largo de la historia, los gobiernos han intentado eliminar el evangelio mediante leyes; los críticos han intentado silenciarlo con burlas y la oscuridad ha intentado apagar su luz. Pero, al igual que el amanecer o la marea, la buena nueva de Jesucristo es una fuerza imparable de la naturaleza, o más bien, una fuerza celestial. En el primer siglo, si querías ver un un...