Una fundadora magnánima
Tenía veintitrés años cuando quedó huérfana de padre. Por eso ella y doña Paula, su progenitora, se trasladaron a su hacienda de Tonchalá. Llegó a poseer fincas y dinero, pero no tuvo esposo ni tuvo hijos. Se dedicó más bien a hacer obras de caridad. Según cuentan, fue promotora de la libertad de los esclavos, y en Tonchalá siempre había comida para los hambrientos y posada para los caminantes. Los trabajadores de la comarca le pedían de continuo que fuera la madrina de sus hijos. Cuando quedó huérfana de madre tuvo que encargarse de la administración de la hacienda, y bajo su cuidado aumentaron los ganados y fructificaron los cultivos. Debido a su magnanimidad, a los vecinos del valle de Guasimales, a la izquierda del río, se les ocurrió que tal vez ella estuviera dispuesta a donarles unos terrenos con el fin de construir capilla y casas a su alrededor, es decir, para fundar un nuevo pueblo. No es que quisieran aprovecharse de ella. «Es que a ella el corazón se le salía por las manos,...