Gozosamente Apartado
Abraham no era ni cristiano ni judío. Que sepamos, no tenía ninguna relación previa con Dios. Un día, tuvo un encuentro que le cambió la vida. “Pero Jehová había dicho a Abram: Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré” (Génesis 12:1). ¡Así que Abraham hizo las maletas y se fue! Todos veneramos a Abraham como nuestro antecesor en la fe, pero su historia es, en realidad, un tanto peculiar. Era un hombre que lo tenía todo: riqueza y herencia, una esposa maravillosa y abundantes tierras y ganado. A pesar de esto, increíblemente, cuando una voz le dijo: “Levántate y vete”, él la escuchó. Se separó voluntariamente de todo lo que conocía, incluso de las cosas buenas, para seguir a Dios. Ahora bien, permítanme preguntarles a quienes están casados: ¿Les parecería extraño que su cónyuge les dijera que una voz le dijo que renunciara a su trabajo, su casa y sus posesiones, y que se mudara con la familia a otro estado sin ninguna promesa de sustento...