Lo que podría faltar en tus oraciones | Elizabeth Laing Thompson
Yendo un poco más allá, se postró rostro en tierra y oró: «Padre mío, si es posible, no me hagas beber este trago amargo. Pero no sea lo que yo quiero, sino lo que quieres tú. Mateo 26:39 (NVI) Había pasado semanas recorriendo las aceras de mi vecindario, orando y caminando, suplicando por una solución a una decisión importante en la vida de mi hija. Estaba derramando mi alma, entregando mis inquietudes al Señor (1 Pedro 5:7). Pero cada vez que decía amén, todavía me sentía intranquila. Definitivamente no estaba experimentando “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”, como promete Filipenes 4:7a (NVI). Me puse a pensar… quizá la paz llegue si oro de manera más convincente, más apasionada. Y así lo hice. Caminé y oré hasta casi desgastar el pavimento… pero nada cambió. Durante una de mis caminatas, pensé en Jesús orando en el huerto de Getsemaní horas antes de Su arresto. Jesús estaba lleno de tristeza sabiendo que se avecinaba un juicio, tortura y muerte. Mateo 26:39 describe...