El prejuicio racial y la sed de venganza
—[Obispo Larra,] mi querido prelado... De mí depende la paz de esta plaza... pero debe usted comprender que mi caída del poder significaría la más sangrienta revuelta que jamás haya visto esta colonia.... —Baltasar, Baltasar... No vuele tan alto; ni quiera ser dueño de tantas vidas.... —No intente disimular su derrota. Soy el hombre más poderoso de toda la estancia, y usted, [obispo Larra,] hombre avezado a estas artes, lo sabe muy bien. ¿Por qué soy el más poderoso? Pues le diré: Conozco el miedo que ustedes sienten cada vez que miran a un negro, y puedo lograr, con un gesto, o con mi martirio, una gran cacería de blancos.... El total de negros en la ciudad excede a la población blanca en proporción de siete a uno. Vea usted, mi queridísimo prelado, que soy el dueño de vidas y haciendas.... —Baltasar..., si las autoridades se tornan en su contra, el desenlace, tanto para su pueblo como para el mío, será la más terrible destrucción. —Esas consideraciones no me interesan. Me interesa hu...