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El dilema humano

Lea: Efesios 2:1-3 Él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados. Efesios 2:1 Éste es el gran análisis que hace el profeta del problema, la dificultad con la que se enfrenta Jesucristo cuando se acerca al hombre o a la mujer. Y lo que se precisa para resolver esta situación es nada menos que la inmensurable grandeza de Su poder. A nosotros nos resulta extremadamente difícil creer que estamos muertos. Si se acerca usted a un estudiante al principio de la juventud, que está participando con sus amigos en toda clase de actividades emocionantes y está esperando poder crearse una vida de independencia, y le dice usted: “Estás muerto”, el joven le mirará a usted con ojos llenos de lástima y dirá: “¿Qué clase de persona es usted? ¿Acaso está usted loco?”. Pero considere usted el análisis que hace Pablo y verá la verdad que es ésta, porque existen dos características básicas en las personas muertas: una de ellas es la impotencia total, el verse incapacitada...

Redescubriendo al verdadero Jesús

Dirigiéndose a todos, declaró: —Si alguien quiere ser mi discípulo, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. Lucas 9:23 (NVI) «Papá, ¿puedo ponerle otro corazón?» Estábamos en Build-A-Bear, una tienda de peluches personalizados, y mi hija de 6 años estaba con los ojos abiertos de par en par en la estación de relleno. «¡Claro que sí! ¡Cuanto más amor, mejor!» Metió con cuidado el segundo corazón dentro de su oso. Luego, la encargada la ayudó a rellenar su creación. «¿Cómo quieres que se sienta tu oso? ¿Superblandito o bien firme?», preguntó la encargada. «¡Blandito!», exclamó mi hija. «Quiero poder abrazarlo muy fuerte». La encargada continuó, «Y, ¿qué tipo de voz quieres? Tenemos gruñidos o rugidos, o puedes grabar tu propio mensaje». Mi hija decidió grabarse diciendo, «¡Te quiero mucho, osito!». Luego eligió la ropa de su oso: un tutú colorido y una tiara brillante. Me llamó la atención que el osito que construyó fuese exactamente como ella lo quería… pero no tenía n...

«Descubrí que él era casado, pero yo ya estaba embarazada»

En este mensaje tratamos el siguiente caso de una mujer que «descargó su conciencia» de manera anónima en nuestro sitio www.conciencia.net, autorizándonos a que la citáramos: «Hace diecisiete años, conocí al padre de mi hija. Después de un tiempo de haber tenido una relación con él, descubrí que era casado, pero ya estaba embarazada y me costó dejarlo. »Años después, recibí a Cristo como mi Salvador. He intentado dejar a este hombre, pero no puedo, a pesar de que ya no vivimos juntos. Lo extraño... y cuando nos vemos, sólo para que él me dé las cosas para su hija, sufro en silencio. »¿Qué hago? No logro olvidarme de él, y él sigue con su familia.» Este es el consejo que le dio mi esposa: «Estimada amiga: »Ojalá que a estas alturas esté dispuesta a reconocer que hace diecisiete años este hombre le mintió y la engañó. Al mismo tiempo, él estaba mintiéndole a la esposa, y es probable que haya seguido mintiéndole a ella desde entonces. Él ha demostrado que no es digno de confianza y que ...

Alumbrados por la oración

Lea: Efesios 1:15-23   Que él alumbre los ojos de vuestro entendimiento. Efesios 1:18a   Los ojos del entendimiento es una extraña expresión, ¿no es cierto? Los ojos son el instrumento por medio del cual percibimos las cosas, y la mente también tiene ojos. Si usted escucha la verdad respecto a cualquier tema, los ojos de su mente estarán captando ideas. Pero el apóstol nos dice aquí que no sólo tiene la mente ojos, sino que también los tiene el corazón. El corazón necesita ver cosas, necesita captar y entender la verdad. De modo que las Escrituras usan el corazón como el lugar de nuestras emociones. ¿Se acuerda usted de ese episodio en Lucas 24, ese paseo a Emaús, cuando el Señor resucitado se les apareció a dos de Sus discípulos? El Señor se unió a ellos, pero ellos no sabían quién era. Caminó junto a ellos revelándoles todas las Escrituras respecto al Mesías prometido. Después, se dijeron el uno al otro: ―¿No ardía nuestro corazón en nosotros, mientras nos hablaba en el cami...

Cuando crece la amargura

Y es que Ana le hablaba al Señor desde lo más profundo de su ser, y sus labios se movían pero no se oía su voz, así que Elí creyó que estaba ebria. 1 Samuel 1:13 (RVC) ¿Alguna vez has sido mal entendida? Todavía recuerdo el impacto que sufrí por una falsa acusación contra mí hace años. Algo que había hecho con buenas intenciones resultó en mi contra. Para colmo, la acusación falsa se convirtió en un rumor. Me encantaría contarte que respondí de manera súper espiritual, pero mis planes de aclarar las cosas crecieron tanto como un recibo de supermercado. La ira estalló y la indignación se apoderó de mí. Quería limpiar mi nombre. Pero Dios quería limpiar mi corazón. Allí se había alojado un rencor y, sin quererlo, me había convertido en una persona que almacena las emociones compulsivamente. Mientras hablaba con Dios sobre la situación, Él me mostró la belleza de una vida libre de ofensas y amargura. Me guió a la historia de Ana en 1 Samuel. Ana anhelaba un niño. Mientras tanto, la otra e...

Nuestros Guías en esta Vida

Hace años, mucho antes de los teléfonos inteligentes y sus prácticos mapas, un grupo de amigos y yo hicimos un viaje por carretera a Texas para ver el Álamo. Uno de los chicos de nuestro grupo se ofreció a guiarnos. “San Antonio es mi ciudad natal, y me encantaría ser su guía”, dijo. Sin embargo, una vez que llegamos a San Antonio, las cosas se volvieron un poco confusas. Estuvimos conduciendo y conduciendo, hasta que algunos notamos que habíamos pasado por la misma tienda tres veces. “¿Oigan, no estamos dando vueltas?” preguntó alguien. “No, no, ya estamos cerca”, nos aseguró mi amigo. Pasaron horas. Nos encontramos en una zona peligrosa de la ciudad, luego en un enorme embotellamiento, y después dando vueltas otra vez. Finalmente, alguien le dijo a mi amigo: “Oye, pensé que conocías el camino. Dijiste que esta era tu ciudad natal”. “Lo es”, respondió, “pero nos mudamos cuando yo tenía dos años”. Obviamente, mi amigo no era nuestro guía ideal. Tenía buenas intenciones, pero no tenía i...

Una fundadora magnánima

Tenía veintitrés años cuando quedó huérfana de padre. Por eso ella y doña Paula, su progenitora, se trasladaron a su hacienda de Tonchalá. Llegó a poseer fincas y dinero, pero no tuvo esposo ni tuvo hijos. Se dedicó más bien a hacer obras de caridad. Según cuentan, fue promotora de la libertad de los esclavos, y en Tonchalá siempre había comida para los hambrientos y posada para los caminantes. Los trabajadores de la comarca le pedían de continuo que fuera la madrina de sus hijos. Cuando quedó huérfana de madre tuvo que encargarse de la administración de la hacienda, y bajo su cuidado aumentaron los ganados y fructificaron los cultivos. Debido a su magnanimidad, a los vecinos del valle de Guasimales, a la izquierda del río, se les ocurrió que tal vez ella estuviera dispuesta a donarles unos terrenos con el fin de construir capilla y casas a su alrededor, es decir, para fundar un nuevo pueblo. No es que quisieran aprovecharse de ella. «Es que a ella el corazón se le salía por las manos,...