Cuando Dios nos guía a enfrentar lo que hemos estado evadiendo
El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre.
Salmo 23:1-3 (NVI)
Algo dentro de mí gritaba por alivio. Podía ver este patrón en el que me sentía atrapada. Sentía la presión de mis circunstancias, me frustraba cada vez más y luego decidía que simplemente necesitaba hacer más.
Pero no estaba funcionando.
Dios nunca permitirá que trabajemos hasta el agotamiento para suplir nuestra necesidad de sanidad, y a veces sanar es desordenado. En lugar de dejarme dar otra vuelta más apoyándome en mi propio entendimiento y creando mis propias soluciones, Dios permitió que todo llegara a un punto que ya no podía ignorar. Fue como si le susurrara a mi alma cansada: a veces vas a tener que confiarme aquello que te pido que sueltes, incluso cuando duele y no tiene sentido.
Así que me toca soltarlo.
Tal vez tú también hayas pasado por lo mismo. Sientes a Dios señalando cosas que antes eras capaz de tolerar. Lo que antes se sentía sencillo ahora parece imposible. Sientes que Él te invita a mirar aquello que has intentado ignorar.
Él nos llama a estas temporadas no porque quiera castigarnos, sino porque ve los lugares en nuestros corazones que necesitan sanar.
Dios no solo prioriza lo que Él quiere hacer a través de nosotras sino que también quiere realizarlo en nosotras. Nos invita a un proceso de sanidad complicado, el lugar donde nos hartamos de nuestros propios patrones y nos damos cuenta de que somos el denominador común. Nos pide que cuestionemos nuestra manera de pensar y nos alineemos con Su Palabra por encima de nuestros sentimientos.
Dios comenzó a revelarme los miedos que me habían manejado silenciosamente por años … el miedo al rechazo, el miedo de no ser suficiente, el miedo de decepcionar gente, el miedo a no ser vista. Estas no eran nuevas heridas. Finalmente fueron lo suficientemente dolorosas como para que no pudiera fingir que no existían.
Amiga, Él es nuestro Buen Pastor.
El Salmo 23:1-3 nos dice, “El SEÑOR es mi pastor, nada me falta; en verdes pastos me hace descansar. Junto a tranquilas aguas me conduce; me infunde nuevas fuerzas. Me guía por sendas de justicia haciendo honor a su nombre”.
Él nos hace descansar porque a veces no elegimos el descanso por nuestra cuenta. Nos guía a tranquilas aguas porque la vida se vuelve tan ruidosa que Su voz es desapercibida. Nos infunde nuevas fuerzas porque estamos agotadas. Y nos guía por sendas de justicia, siempre para nuestro bien, siempre para Su gloria.
Si estás atravesando una temporada donde todo parece complicado y sin claridad, quizá no estés fallando; más bien Dios te está formando. Amiga, puedes estar segura de que nunca te arrepentirás al decirle “sí” a Dios,.
Oh, Dios, ayúdame a confiar en Ti cuando me pides que suelte cosas a las que preferiría aferrarme. Quiero ser transformada por Tu Verdad para vivir en completa libertad. Ayúdame a acudir a Ti para sanar, no importa que tan desastroso se sienta. En el Nombre de Jesús, Amén.
Fuente: proverbs31.org
Comentarios
Publicar un comentario