El Señor Tenía un Hombre

El comienzo de 1 Samuel nos muestra un tiempo difícil en Israel, cuando la depravación, la apostasía y el retroceso espiritual eran desenfrenados en la tierra. Elí, el sumo sacerdote de la nación, era negligente y complaciente, permitiendo que sus hijos corrompieran el sacerdocio. Bajo su liderazgo, el adulterio y la fornicación eran desenfrenados en el templo. Elí se había acostumbrado tanto a su vida cómoda que no hizo nada para detenerlos. En ese tiempo, el arca fue robada de Israel.

En cierto momento, el Señor escribió la palabra Icabod (que significa “la gloria se ha apartado”) sobre todo el sistema religioso. Las fuerzas satánicas habían alcanzado gran poder. A los ojos naturales, la obra de Dios había perdido demasiado terreno, y las probabilidades de recuperación parecían improbables.

Sin embargo, el Señor tenía preparado desde el principio a un hombre, un niño llamado Samuel. Mientras todos los ministros a su alrededor se entregaban a la fornicación y a la glotonería, Samuel estaba aprendiendo a oír la voz de Dios. A medida que se hacía más y más íntimo con el Señor, el Espíritu Santo lo llenaba con palabra profética. Se convirtió en una prueba viviente del poder de Dios.

La Escritura dice que, mientras Samuel crecía, ninguna de sus palabras cayó a tierra, lo que significa que él hablaba consistentemente con poder y autoridad. Debido a su autoridad piadosa, ninguna nación pudo levantar la mano contra Israel durante más de cuarenta años.

“Y Samuel creció, y Jehová estaba con él, y no dejó caer a tierra ninguna de sus palabras. Y todo Israel, desde Dan hasta Beerseba, conoció que Samuel era fiel profeta de Jehová. Y Jehová volvió a aparecer en Silo; porque Jehová se manifestó a Samuel en Silo por la palabra de Jehová” (1 Samuel 3:19-21).

Una vez más, el Señor levantó a un solo hombre como testimonio para toda una nación. Dios no necesitó un ejército, ni una organización humana, ni “algo nuevo.” ¡Todo lo que necesitó fue un hombre justo, alguien cuyo ministerio estuviera totalmente comprometido con sus caminos santos! Cada uno de nosotros debería orar para llegar a ser esa voz en nuestra propia generación. ¿Confiamos lo suficiente en Dios para hacerlo? ¿Nos entregamos lo suficiente a Él para llegar a ser su testimonio para toda una nación?

Fuente: worldchallenge.org

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