Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto.
Colosenses 3:14 (NVI)
Cuando mi primer hijo adulto se fue de casa, solo cruzó la ciudad para ir a la universidad. Aunque estábamos muy contentos de tenerlo allí, también estábamos agradecidos de que eligiera venir a casa casi todos los fines de semana. Pero me costó adaptarme a nuestra nueva relación de adulto a adulto.
Se trataba de las expectativas. Yo esperaba que él quisiera pasar tiempo con la familia, o más específicamente, conmigo. Pero él tenía otros planes: dormir.
Así que empecé con pequeños comentarios sobre él quedándose fuera hasta tarde durante la semana, lo cual descubrí que no incluía pasando tiempo en la biblioteca. Después de unas semanas de mis críticas, él me dijo con respeto, «Mamá, no quiero venir a casa cuando actúas así».
Dado que eso era lo opuesto a mi intención, inmediatamente comencé a orar por sabiduría. Sentí como si Dios me hablara con esta dura verdad, «Permíteme ser su Espíritu Santo. Tú, ámalo incondicionalmente».
La respuesta de Dios también trajo alivio. No era mi responsabilidad convencer a mi hijo adulto por sus decisiones. Ese trabajo ya se me había quitado cuando mi hijo aceptó a Jesús en su corazón. Por supuesto, hay momentos, como padres o amigos, en los que necesitamos hablar la verdad con amor. Pero la corrección nunca está destinada a reemplazar la obra de convicción del Espíritu. Mi trabajo no es presionar ni avergonzar, sino crear un ambiente de amor donde la verdad pueda ser recibida.
Dios me dio la libertad de amar a mi hijo incondicionalmente, disfrutar del hombre en quién se estaba convirtiendo y crear un hogar donde no se sintiera juzgado por sus decisiones.
¿No es eso lo que Jesús hace por nosotras? Jesús ama a las personas y las invita a Su Reino. Aunque a veces dice verdades difíciles, nunca usa la culpa para atraer a la gente hacia Él o para motivarla a tomar decisiones distintas.
Intentaba cambiar el comportamiento de mi hijo con mis comentarios, pero solo lograba alejarlo. La verdad es que el mazo del juicio no pertenece a mi mano. Jesús dice que el Espíritu Santo convence al mundo de pecado y de justicia (Juan 16:8), y lo hace perfectamente.
Mi papel es más sencillo; revestirme de amor. El apóstol Pablo nos lo recuerda en Colosenses 3:14, “Por encima de todo, vístanse de amor, que es el vínculo perfecto”. Cuando elijo el amor por encima de la crítica, crece la conexión en lugar de la distancia.
Todavía puede haber momentos en que Dios me impulse a decir la verdad o a establecer límites. Pero incluso entonces, el amor es la cobertura. El amor escucha antes de instruir. El amor señala a Jesús más que al fracaso. Y el amor siempre deja espacio para que el Espíritu realice el trabajo más profundo de convicción.
Amiga, qué libertad sentimos cuando dejamos que el Espíritu Santo haga Su trabajo y nosotras nos ocupamos del nuestro. Él convence. Nosotras amamos. Y cuando vivimos así, tanto nuestros hogares como nuestras relaciones se convertirán en lugares a los que la gente quiera volver.
Señor, gracias por recordarme que no me toca convencer a los demás. Dame sabiduría para saber cuándo hablar y cuándo callar. Ayúdame a vestirme de amor y confiar en Tu Espíritu para hacer lo que solo Él puede hacer. En el Nombre de Jesús, Amén.
Fuente: proverbs31.org
lunes, 9 de marzo de 2026
La libertad de amar incondicionalmente
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