Acércate a Jesús

Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna.
Hebreos 4:15-16 (NBLA)

Debo contarte un secreto, que me cuesta admitir como maestra de la Biblia… nunca he considerado que sea muy buena para orar.

Pero, no me malinterpretes… quiero escuchar de Dios, y reconozco completamente lo importante que es llegar ante Él con todo lo que enfrento. Pero más frecuentemente de lo que me gustaría admitir, cuando comienzo a orar, me siento distraída. Mi cerebro intenta procesar lo que está pasando en mi vida, en lugar de entregárselo a Jesús. Mi mente es una mezcla de confusión por una situación, mi deseo de comprobar mi punto de vista en otra, gratitud por algunas cosas que van bien y frustración sobre el hecho que algunas personas que causan mucho daño parecen salirse con la suya.

A veces, cuando intento sentarme con mi Padre celestial, solo quiero disculparme por todo el caos que traigo a mi tiempo con Él.

¿Te identificas?

Para mí, es fácil llegar a un lugar de vergüenza por todas esas preguntas, incertidumbres y miedos que rondan mi cabeza. Pero ese es un lugar peligroso, porque ¿sabes lo que a veces sucede cuando nos sentimos avergonzadas, en medio del caos o frustradas de que las cosas no están saliendo como esperábamos? Evitamos a Jesús e intentamos sobrevivir por nuestra cuenta.

Pero eso es lo opuesto a lo que Jesús quiere que hagamos. Él no quiere que huyamos, Él nos invita a acercarnos a Él. Él entiende por completo cada uno de nuestros sufrimientos y luchas. “Porque no tenemos un Sumo Sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras flaquezas, sino Uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado. Por tanto, acerquémonos con confianza al trono de la gracia para que recibamos misericordia, y hallemos gracia para la ayuda oportuna” (Hebreos 4:15-16).

Así que ¿todas esas cosas que estás preguntándote si deberías hablarlas con Jesús? La respuesta a cada una de ellas es sí. Puedes acercarte a Él tal como estás. Aquí hay cinco recordatorios de lo valiosa que eres para Él, aquí y ahora.

Él promete que nada puede separarte de Su amor. “…ni la muerte ni la vida, ni los ángeles ni los demonios, ni lo presente ni lo por venir, ni los poderes, ni lo alto ni lo profundo, ni cosa alguna en toda la creación podrá apartarnos del amor que Dios nos ha manifestado en Cristo Jesús nuestro Señor” (Romanos 8:38-39, NVI).

Él promete que cuando tú eres débil, Él es fuerte. “«Te basta Mi gracia, pues Mi poder se perfecciona en la debilidad»” (2 Corintios 12:9a, NBLA).

Él promete llevar tus cargas. “»Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados; yo les daré descanso” (Mateo 11:28, NVI).

Él promete ser el pozo de agua viva cuando te sientes espiritualmente seca y emocionalmente drenada. “—¡Si alguno tiene sed, que venga a mí y beba! De aquel que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior brotarán ríos de agua viva” (Juan 7:37-38, NVI).

Él promete consejo y consuelo. “Sin embargo, cuando el Padre envíe al Abogado Defensor como mi representante—es decir, al Espíritu Santo—, él les enseñará todo y les recordará cada cosa que les he dicho”. (Juan 14:26, NTV).

Acercarnos a Jesús a través de la oración es uno de Sus regalos más grandes para nosotras. No tenemos que llevar nuestras cargas y preocupaciones solas. No estamos limitadas a nuestros propios recursos para encontrar fortaleza o sabiduría. No tenemos que esconder el caos que ronda nuestras mentes o vidas.

Él no está decepcionado de ti porque tus oraciones no han sido más consistentes o elaboradas. Él simplemente quiere que entregues más y más de tu vida en Sus manos capaces.

Él ama cada segundo que pasas con Él. Pero más que nada, Él te ama. La gracia de Dios es más dulce cuando aceptamos que queremos más de nuestra relación con Él. Él atesora a Sus hijos que se acercan tropezando y tambaleándose ante Su presencia. Y Él quiere que entiendas que la oración es la conexión perfecta entre todo lo que necesitas y el amor precioso que Él tiene para ti.

Amado Señor, gracias por ser mi refugio al que puedo traer mis dudas, miedos, esperanzas y deseos. Oro para que Tú calmes mi mente y mi corazón con la paz que solo Tú provees, para que pueda descansar plenamente en Tu presencia. En el Nombre de Jesús. Amén.

Fuente: proverbs31.org

Comentarios

Entradas populares de este blog

Cuando tus pensamientos están en una espiral descendente

¿«Estamos muy jóvenes para casarnos»?

Leyendo corazones