Una casa de oración

Y enseñaba diciendo: “¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones?
Marcos 11:17a (RVA-2015)

Nota de la editora: ¡El devocional de hoy forma parte de nuestra serie sobre la Semana Santa! Acompáñanos en este viaje para experimentar el poder del amor de Jesús, recordar Su sacrificio y caminar en la victoria de Su resurrección. Oramos para que esta serie prepare tu corazón para la alegría de la Pascua. Suscríbete ahora.

Durante años, orar fue un desafío para mí. Me sentía confundida sobre las palabras adecuadas o incluso cuál era el propósito de orar. De todos modos, ¿ no lo tenía Dios todo resuelto? ¿Marcarían la diferencia mis oraciones?

En la secundaria, una de mis primeras amigas cristianas oraba constantemente. Sin importar la situación, sin importar lo desesperada o trivial que fuera, ella era la primera en recurrir a mí y decirme, «deberíamos orar».

Seré sincera, a menudo no oraba con ella. Esto fue al principio de mi relación con Dios, y todavía estaba encontrando mi camino. En aquel momento, y muchas veces desde entonces, sentía que la oración era una pérdida de tiempo.

¿Acaso no debería estar haciendo algo? ¿No hay alguna acción que pueda tomar? ¿De qué sirve sentarme aquí y decir unas palabras en voz baja?

Años después, leí las palabras de Isaías 31:1, “¡Ay de los que descienden a Egipto por ayuda! En los caballos buscan apoyo, Y confían en los carros porque son muchos, Y en los jinetes porque son muy fuertes, Pero no miran al Santo de Israel, ni buscan al SEÑOR” (NBLA).

Finalmente me di cuenta de que la oración no es una pérdida de tiempo; es un reconocimiento de que nadie en la tierra es más poderoso que Dios.
 
Cuando oramos, magnificamos la obra de Jesús.
Cuando oramos, nos liberamos de nuestras propias limitaciones mientras miramos hacia un Dios sin límites.
Cuando oramos, salimos de la prisión de la ansiedad y la preocupación.
Cuando oramos, permitimos que el Espíritu Santo alinee nuestros corazones con el corazón del Padre.

Durante Semana Santa, antes de ir a la cruz, Jesús entró en el templo y recordó a cualquiera que quisiera escuchar que el pueblo de Dios es un pueblo de oración, que la oración está disponible para todos y que cada una de nosotras tiene el honor de presentarnos ante el Dios del universo para hablar con Él.

Y enseñaba diciendo: “¿No está escrito que mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? (Marcos 11:17a).

Puede que tengamos muchas diferencias (etnias y culturas, crianzas y experiencias de vida),  pero la oración es un don disponible para todas nosotras, sin importar quiénes seamos o de dónde vengamos. Tiene el poder de unirnos a todas cuando llevamos nuestras peticiones a Dios.

Orar no se trata solo de hablar, sino también de escuchar, creer y confiar. Se trata de adorar, descansar y disfrutar de la presencia de Dios. A través de la oración, derramamos nuestro corazón, nuestras ansiedades, necesidades y afectos; y recibimos la gracia, la paz y el propósito de Dios.  Recibimos Su don de unidad.

Esta Semana Santa, recordemos que siempre tenemos el don de la oración a nuestra disposición.

Padre, ayúdanos a recordar que somos un pueblo de oración y que siempre podemos acercarnos con confianza a Tu trono de gracia. En el Nombre de Jesús, Amén.

Autora: Kristel Acevedo
Fuente: proverbs31.org

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