Cuando Dios nos encuentra a mitad del camino
El SEÑOR mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes».
Deuteronomio 31:8 (NVI)
Embarazada de nuestro primer hijo, pasé mucho tiempo imaginando cómo sería su aspecto y qué se sentiría al tenerlo en brazos. Me veía leyéndole cuentos y dando largos paseos por nuestro vecindario. Incluso imaginé su graduación de escuela superior y el día de su boda. Estaba llena de esperanza y expectativas para nuestro futuro.
Pero luego, recibimos los resultados de unas pruebas solicitadas por su pediatra y tenían valores anormales, y la vida dio un giro brusco.
De repente, nuestro futuro se volvió incierto. Ya no podía imaginar cosas buenas. En mi diario, escribí una pregunta que me pesaba en el corazón: ¿Puede una vida rota seguir siendo una vida bendecida?
En los meses siguientes, seguí escribiendo en mi diario pensamientos crudos y sinceros. Poco a poco, empecé a sentir que una respuesta iba tomando forma. Comencé a ver que, sí, una vida rota todavía puede ser una vida bendecida.
Mientras estudiaba las Escrituras, me di cuenta de cuántas veces Dios se encuentra con las personas justo en medio de situaciones que parecen venirse abajo. En Deuteronomio 31:8, los israelitas estaban perdiendo a su amado líder, Moisés, y se enfrentaban a enemigos aterradores. Moisés les recordó, ”El SEÑOR mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes»”.
Esa no es la única historia de la Biblia que muestra a Dios con Su pueblo en medio de historias difíciles y aparentemente rotas.
Cuando los israelitas se sintieron atrapados junto al Mar Rojo, apareció un camino a seguir donde parecía imposible (Éxodo 14).
Cuando Elías estaba agotado y abrumado, Dios se le apareció con un suave susurro y palabras de aliento (1 Reyes 19).
Cuando una mujer agobiada por la vergüenza se encontró con Jesús en un pozo, la compasión de Él cambió su vida (Juan 4).
Una y otra vez, Dios se manifiesta en medio del miedo, el agotamiento, la vergüenza y la pérdida.
Escribí en mi diario, Dios, si te manifestaste en sus historias y obraste para su bien, entonces creo que incluso mi historia rota puede ser bendecida porque Tú estás en ella conmigo.
También comencé una práctica sencilla. Cada vez que notaba la presencia de Dios o leía sobre Él obrando en la historia de otra persona, lo anotaba en mi diario. No se trataba de forzar la positividad ni de fingir que las cosas eran fáciles. Simplemente era prestar atención.
Ese pequeño hábito empezó a cambiar la manera en que veía la historia de mi familia. No porque el diagnóstico de repente me pareciera algo bueno (no lo era), sino porque comencé a ver que Dios estaba con nosotros en medio de todo.
Mi capacidad de imaginar cosas buenas volvió a despertar. Aunque nuestra historia difícil no desapareció, sí se convirtió en un lugar donde podía ver la gracia en acción.
Cuando nos sentimos desanimadas por nuestras circunstancias, temerosas de haber llegado a un callejón sin salida, o convencidas de que las cosas no pueden cambiar, simplemente podemos empezar a darnos cuenta.
Darnos cuenta de dónde Dios se está haciendo presente.
Darnos cuenta de cómo Su presencia transforma nuestra perspectiva.
Darnos cuenta de cómo Él está obrando para bien, incluso aquí.
Fuente: proverbs31.org
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