Revelaciones de la Gloria de Dios | David Wilkerson

La Escritura deja claro que es posible para todo verdadero seguidor de Jesús ver y entender la gloria de Dios. De hecho, nuestro Señor revela su gloria a todos los que la piden y la buscan diligentemente. Creo que la revelación de la gloria de Dios equipará a su pueblo para los días peligrosos que vienen. Pablo afirma que esta revelación “…tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados”(Hechos 20:32).

Contrario a lo que algunos cristianos piensan, la gloria de Dios no es una manifestación física de algún tipo. No es una sensación extática que te sobrecoge, ni una especie de aura sobrenatural o luz angelical que irrumpe. En pocas palabras, la gloria de Dios es una revelación de su naturaleza y de sus atributos.

La experiencia de Moisés con la gloria de Dios demuestra esta verdad. El Señor envió a Moisés a liberar a Israel sin darle una revelación completa de quién era el Dios de Israel. El Señor simplemente le dijo: “Ve, y di: YO SOY me envió a vosotros” (ver Éxodo 3:14), pero no le dio una explicación de quién era el “YO SOY”.

Yo creo que por eso Moisés clamó: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Éxodo 33:18). Moisés tenía un profundo hambre y sed de saber quién era el gran YO SOY, de conocer cuál era su naturaleza y su carácter.

El Señor respondió la oración de Moisés. Primero le indicó que se escondiera en la hendidura de una roca. Mientras Moisés esperaba que apareciera la gloria de Dios, no la vio en el trueno, el relámpago ni en el temblor de la tierra. Más bien, la gloria de Dios vino a él en una simple revelación: “¡Jehová! ¡Jehová! fuerte, misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad; que guarda misericordia a millares, que perdona la iniquidad, la rebelión y el pecado, y que de ningún modo tendrá por inocente al malvado; que visita la maldad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, hasta la tercera y cuarta generación” (Éxodo 34:6-7).

Cuando oramos: “Señor, muéstrame tu gloria”, en realidad estamos orando: “Padre, revélame quién eres”. Si el Señor nos da una revelación de su gloria, es para mostrarnos cómo quiere ser conocido por nosotros.

Fuente: worldchallenge.org

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