Dios Levantó un Líder
En los días de Nehemías, los muros de Jerusalén estaban en ruinas, la ciudad era literalmente un montón de piedras. La iglesia estaba totalmente en retroceso, sin testimonio alguno. Los poderes malignos que rodeaban a Israel los perseguían severamente, burlándose de cada obra que intentaban emprender.
¿Cómo respondió Dios en un tiempo de tanta ruina? ¿Envió un ejército bien entrenado para ayudarlos? ¿Mandó una guardia del palacio para herir a sus enemigos prominentes? No, Dios levantó a un hombre llamado Nehemías.
Nehemías era un hombre con la carga de Dios en su corazón. Pasaba su tiempo orando, ayunando y lamentándose porque estaba quebrantado por la condición de Israel. También escudriñaba continuamente la Palabra de Dios, comprendiendo la profecía y moviéndose en el Espíritu.
Aunque Nehemías servía como copero del rey de Persia, él permanecía apartado de la maldad que lo rodeaba. En medio de toda la sensualidad, inmoralidad y falta de temor de Dios que había en Israel, él mantuvo una vida santa delante del Señor. A su vez, todos los que lo oían hablar eran purificados en su alma.
Por ser un hombre de oración, él pudo confesar los pecados de toda una nación:
“Esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti… Yo y la casa de mi padre hemos pecado. En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo” (Nehemías 1:6-7).
La casa de Dios también fue purificada, expulsando todo lo que era carnal. Nehemías envió obreros al templo, diciéndoles que sacaran toda inmundicia y no dejaran nada relacionado con la idolatría o la sensualidad (ver Nehemías 13:8-9). Amados, ¡este es el concepto de avivamiento según Dios! Se trata de limpiar cada rincón del corazón que esté impuro y no santificado. Él no quiere que quede ningún lugar oscuro.
¿De dónde obtuvo Nehemías tal autoridad espiritual para hacer temblar a los comprometidos y traer de vuelta el temor de Dios al templo? El rey no se la dio. Ningún obispo se la dio. No la aprendió en una escuela bíblica. No, Nehemías obtuvo su autoridad de rodillas, llorando, quebrantado, deseando conocer el corazón de Dios.
Fuente: worldchallenge.org
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