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viernes, 9 de enero de 2026

Busca a Jesús con esmero


«¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo».
Mateo 2:2 (NTV)

Cuando mis hijos eran pequeños, nuestra familia tenía una tradición que mantuvimos durante más de 20 años. Cada diciembre, elegíamos una noche para disfrutar de una pizza de pollo a la barbacoa y helado de menta. Luego nos amontonábamos en el auto y salíamos a ver las luces navideñas. Mejor aún era la experiencia si caía una nevada ligera, ya que hacía que las luces brillantes bailaran en el trasfondo de la noche.

Cada niño elegía un personaje navideño o invernal para buscar en las decoraciones, y llevaba la cuenta de cuántos veía. Kenna buscaba muñecos de nieve, Mitchell los renos. Y a Spencer le encantaba descubrir uno o dos Grinch verdes. Quien eligiera al personaje más visto ganaba un premio pequeño.

Nuestra tradición familiar evoca dulces recuerdos; sin embargo, había un aspecto inquietante de nuestra aventura anual. Por mucho que buscáramos, en la zona donde vivíamos, rara vez encontrábamos un pesebre con Jesús.

Con sus pijamas de pata y los ojos muy abiertos, nuestros niños se reían al ver a los  personajes. Sin embargo, el sentido de la Navidad es Jesús, y rara vez lo encontrábamos.

Este año, no solo en nuestras comunidades, sino también en nuestros corazones, busquemos a Jesús con esmero y diligencia, tal como lo hicieron los reyes magos en Mateo 2:1-2.

Jesús nació en Belén de Judea durante el reinado de Herodes. Por ese tiempo, algunos sabios de países del oriente llegaron a Jerusalén y preguntaron: «¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Vimos su estrella mientras salía y hemos venido a adorarlo» (NTV).

Podemos encontrarnos fácilmente abrumados por las responsabilidades durante la temporada navideña. Aunque nos esforzamos al máximo para cumplirlo todo, es fácil pasar por alto al Niño Jesús. Corremos a toda prisa para organizar una gran fiesta, ignorando prácticamente a Aquel que la representa. Pero estos sabios del oriente dejaron sus deberes diarios, sus hogares y sus estudios, hicieron todo lo posible para recorrer muchos kilómetros por el desierto para encontrar a Jesús. Como ellos, necesitamos romper con nuestras rutinas y el ajetreo para buscar a Jesús.

Puede que signifique detenernos mientras hacemos compras para sentarnos tranquilamente en el carro, orando para que Dios nos ayude a centrar nuestros pensamientos en Jesús más que en las tareas navideñas. O tal vez requiera que dejemos de lado nuestra lista de tareas pendientes y tomemos nuestra Biblia, leyendo y absorbiendo el relato del nacimiento milagroso de Jesús.

Sea como sea, busquemos con esmero a nuestro Salvador. Él está ahí, en medio del ajetreo. Y cuando lo encontremos, no guardemos para nosotras la maravilla de Su amor… más bien que lo compartamos. Que sirvamos a los demás, los bendigamos con intención y dejemos de mirarnos a nosotras mismas para centrarnos en el verdadero motivo de la Navidad.

Querido Señor, ayúdame a buscarte y encontrarte con cuidado, como lo hicieron los reyes magos. Qué pueda compartir el don de Tu amor con quienes me encuentre en esta Navidad. En el Nombre de Jesús, Amén.

Fuente: www.proverbs31.org

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